
Porque nos
originamos en sus entrañas, ellas se sacrifican por nosotros, sus hijos, hasta
dan la vida en defensa de sus crías. Con paciencia nos alimentan con su propia
leche y sin asco nos cambian los pañales. Las mamás son felices cuando
ensayamos el primer paso y se emocionan hasta las lágrimas cuando balbuceamos
un “ma-ma” inicial.
Mamá nos
lleva a la escuela. Nos enseña a ser honrados y diciendo dice que la lectura de
buenos libros nos harán libres. Sufre en silencio cuando no hay suficiente
dinero en casa y disimula muy bien, entonces ríe para que no veamos su tristeza
y nos alienta a vencer derrotas y humillaciones. Cuando papá no tiene trabajo,
entonces ella va en busca de algún quehacer para traer alimentos al hogar.
Desde la
puerta de la casa veo a mamá sentada en un poyo del patio. El sol brilla en la
negrura de sus ojos. Ella no va a la peluquería, mi hermana mayor la peina y al
mismo tiempo le va sacando los piojos que se enredan amparados en la oscuridad
de su cabello. Tampoco se maquilla. Sus cejas espesas no necesitan de tintes.
Sus labios tienen la rojez de las fresas.
Cuando
mamá discute con papá, ella gana pues siempre tiene la razón. Entonces, papá le
declara la guerra fría. No le habla ni la mira. Mamá le sirve el almuerzo o la
cena sin decir nada. Papá, con la cabeza gacha, come callado. A veces, molesto,
enrabiado, papá deja de venir a casa por unos días. A mamá eso no le preocupa.
“Ya le pasará la gafera”, diciendo nos dice y sigue ocupada con las labores de
casa.
Dentro de
unos días se celebra el día de la madre. En la radio hablan de las bondades y
los sacrificios de las mujeres-madres. Todos comentan su nobleza y santidad.
“Si realmente amas a tu madre, regálale una licuadora Oster”, diciendo dice la
propaganda en la radio. Mientras leo en mi libro Coquito: Mi ma-má me a-ma, la radio sigue: “Este domingo haga feliz a su
madre con una lavadora Phillips”.
Continúo
escuchando la radio y no sé que le puedo regalar a mamá en su día, estoy
pensando en una sorpresa. Ma-me-mi-mo-mu.
Yo a-mo a mi ma-má.
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