Mittwoch, 6. Januar 2016

La ingeniosa muerte de Malena / Arturo Bolívar Barreto



Walter Lingán (Cajamarca) es de los mejores exponentes de la narrativa peruana de las últimas décadas, periodo que se inició con la crisis de los 80, la violencia política, la diáspora,  la instauración del neoliberalismo, la globalización, la revolución comunicacional. Ya que la literatura canónica, en ese mismo contexto, devenía literatura de mercado conforme al proceso mundial, lo más auspicioso de la literatura se refugió en las distintas regiones del interior del país. La narrativa de Walter Lingán representa la versión del emigrante, del exiliado, de este proceso emergente de la literatura peruana. Pero ya no la visión del emigrante de la élite, de periodos anteriores, sino el proveniente de los sectores populares o medios bajos. Como sabemos, la migración afectó por primera vez, con carácter masivo, a jóvenes de esos sectores.

La ingeniosa muerte de Malena es un libro de cuentos publicado en el 2009, contiene elementos representativos de obra general de Walter Lingán, escritor residente en Colonia, Alemania, desde 1982, quien no ha dejado de publicar narrativa desde su primera novela, Por un puñado de sal, de  1993.
El realismo esencial de sus relatos está consustanciado de recursos vanguardistas (ironía, humor, sesgo introspectivo del narrador protagonista, remates surrealistas), pero, como en los grandes autores, siempre en aras de la develación humana: sus  obsesiones temáticas están muy entonadas de exploraciones vitales y sociales. El lenguaje narrativo por ello, junto a su tersura y libertad literaria, es exponente del habla popular, el limeño, el andino; pero lo andino -cara identidad del autor- subyace entrañable más bien en espíritu, a través de las evocaciones, o hasta de las interpolaciones en quechua. Así en Hay algo en el temblor de tu discreto carmín, el relator protagonista dice: “Quiero escribirte y, en verdad te digo, no sé cómo hacerlo… Podría empezar diciendo que Me gustan tus pechos dulzones, que Me trastorna la densidad enmarañada  de tu motita ensalvajando tu sexo, que Enajena mis sentidos el vibrar de tus caderas… Después decirte Munanaycuway sonqochay”.

Un tema recurrente es la marginalidad del inmigrante de clase media baja, peruano o latinoamericano, en Europa, expresado en sus sentimientos de frustración, de desarraigo, la xenofobia sufrida, que agudiza su nostalgia profunda por la tierra abandonada, el amor, la familia, la cultura. El otro tema de su obsesión, que es refugio de esa marginalidad de sus personajes, es el amor, el amor en su más amplia acepción: desde el amor romántico, nostálgico, hasta el erotismo más liberado, a veces con desenfado, matizado por el carácter lúdico de su estilo. La narrativa de Walter Lingán es también, en definitiva, tributaria de la posmodernidad, haciéndonos recordar que es contemporánea de ella, pero por su progresismo ideológico, fundamental y matriz, lo posmoderno diluye sus fundamentos espirituales; constituye en cambio un aporte más a su literatura abarcadora. La obra de Walter Lingán es, en suma, como lo es el arte auténtico, un acto furioso de liberación, revela Walter Lingán, a través de su literatura, que ama con intensidad el amor, el sexo, la vida, pero ama asimismo con intensidad a su pueblo y a sus luchas libertarias.

Repasemos algunos relatos. En El Colombiano infestado de esperanza,  a través del sentimiento de frustración del inmigrante latinoamericano -denunciado entre alcohol y bohemia, “Entre cerveza y cerveza me he ido quedando, la borrachera es mi exilio. No falta quien me dice: scheifs Ausländer <extranjero de mierda>...” –  se representa el súmmum de la nostalgia por  la patria lejana, la familia, el amor, tanto que en la metáfora empleada, Jacinto, El Colombiano, muere al pie del casillero postal, donde una vez más no había llegado carta para él,  la carta del amor frustrado dejado en su país, esperada con fe pero inútilmente.

Pero esos cuadros se dan, como se palpita en los relatos de Walter Lingán, con un fondo de crítica social. Sigue diciendo El Colombiano, en una charlatanería que discurre casi como un monólogo interior, “Alemania es un país envejecido, repleto de viejos inútiles. La falta de niños es una enfermedad crónica y el exceso de perros y gatos, que viven mejor que la gente de nuestros países, se agudiza. Tercer Mundo le llaman, ¿acaso nuestra pobreza viene de otra galaxia”. Y desmitificando el “desarrollo” del país al que ha fugado y en general de cualquier país del sistema actual dice: “Aquí estoy jodido, pero allá en mi país estaría peor… Sí, estaría peor. No sé cómo pero estaría peor”.

En cada uno de sus relatos confluyen generalmente todas sus obsesiones temáticas: los sentimientos del marginado, así como el amor, el erotismo, no libre de ironía. En Los ojos de la luna, Eristof, inmigrante enamorado de Gabriela, muchacha alemana, tras el ansiado casamiento con ésta, escucha el rezo y lamento de la xenofóbica abuela Theresa König, quien siempre se opuso prejuiciosamente a esa relación: “Señor que estás en los cielos, hágase tu voluntad y perdónanos nuestras deudas, Eristof Eristof hasta su nombre es extranjero así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y de dónde diablos vendrá y no nos hagas caer en la tentación de alguna familia muertadehambre de uno de esos países pobres más líbranos de todo mal…”

El desenlace surrealista es, a veces, explícito como en este mismo relato. El erotismo, a fin de exponerlo con todo su carga de explosión y liberación, es presentado a través de la metáfora, de lo fantástico, seguramente para superar la valla de lo socialmente incorrecto, de la infidelidad, o acaso de la atracción por lo prohibido. Eso representa la relación pasional que Eristof establece con Jacki, la engreída gata de la abuela Theresa König, que queda a cargo de Eristof, Gabriela e hijos, tras la muerte de ésta. Eristof había aceptado a regañadientes en principio hacerse cargo de Jacki. Cuando fueron a traerla de la casa de la abuela, “Jacki dormitaba sobre uno de los sofás… Marion se acercó a Jacki con la intención de acariciarla, pero ésta se levantó y abandonó la habitación. Por primera vez me fijé en el esbelto cuerpo de Jacki y olvidé, por un instante, mi odio hacia la abuela. Me deslumbró su caminar mesurado y abúlico ritmo. No podía entender cómo mis ojos no habían descubierto antes tanta belleza”. Y no obstante, la imagen surrealista para exponer su regalado erotismo, su catártico erotismo, está cargado siempre, a su estilo, de la ironía, del desenfado, del sarcasmo feraz, “Casi todas las noches Jacki y yo nos amábamos en secreto… Ronroneando pegaba su cuerpo al mío… Sentía sus redondos y fascinantes muslos y el cosquilleo de su alborotado pelaje. Saboreaba las delicadas frutas que colgaban en sus pezones y luego, mientras ella lamía los dedos de mis pies, yo la penetraba sin tregua hasta terminar extenuado tendido largo a largo junto a ella (…) Una mañana Gabriela observó detenidamente a Jacki y luego me comentó: ‘Creo que está preñada’ (…) Finalmente llegó la hora de la verdad, como sentenciaba mi padre. Jacki parió una sola cría inerte con el rostro inconfundible de un ser humano. Sus ojos eran inmensos y redondos como dos platos de luz. ‘Esos son los ojos de la luna –pensé-, son los ojos relumbrantes de la luna despidiéndose de la vida’. Jacki me fulminó con los afilados cuchillos de su mirada”.

En Un ángel en la puerta del infierno confluye el tema del choque cultural, de ese sentimiento de fragilidad cultural del inmigrante ante la fría y liberal cultura del mundo desarrollado, y, por otro lado, la forma, el remate audaz como se grafica la venganza de éste, del protagonista del relato, un inmigrante peruano, quien asesina a Bárbara, su amante alemana, que representaba esa cultura demoledora que tenía que sufrir diariamente. “Ella representaba esa cultura que enfrentaba a diario y estaba a punto de vencerme. Bárbara buscaba la comunión de la belleza física y la capacidad intelectual y esa búsqueda lo llevaba a ciertas libertades que yo no estaba dispuesto a tolerar…” Y el desenlace, el asesinato planeado -descuartiza a Bárbara y cocina y prepara platos peruanos con los órganos de ésta para sus invitados en la fiesta de su cumpleaños-, que para cualquier narrativa clásica hubiera constituido un relato de lo macabro, en la literatura de Walter Lingán, lúdica, vanguardista, se constituye más bien en una metáfora, en una recreación, aunque ciertamente significativa, de ese rechazo que guarda el inmigrante ante la inclemente cultura del mundo desarrollado europeo. Los raptos de humor, sin embargo, como dijimos, ratifican el carácter lúdico de la literatura de Walter Lingán, antes que dramático o trágico. “Thomas, Manuel y Félix recibieron los primeros anticuchos y a continuación me congratularon por lo riquísimos que estaban. ‘Los anticuchos preparados con el corazón de la mujer amada siempre son los más sabrosos’, les dije, y nos reímos…”

Finalizamos este repaso salteado comentando precisamente el relato que da nombre al libro, La ingeniosa muerte de Malena, quizás el más bello o uno de los más bellos (por la forma y la profundidad), un texto que representa en forma esencial sus temáticas recurrentes, la marginalidad, el erotismo, el amor. Pero también sintetiza en muy alto grado el estilo característico del autor: la tersura del lenguaje y la delicada valla que separa realismo y surrealismo, en el que se interfieren, cruzan y confunden. Malena, una muchacha sordo-mudo-ciega que vive con su madre -a quienes el protagonista, un joven inmigrante peruano, visita frecuentemente- representa el súmmum de la marginalidad. “Para comunicarse con ella –dice el relator protagonista- hay que tener mucha paciencia. El papel, la pluma, la escritura le son conceptos abstractos, no sirven de nada… Para “conversar” con Malena hay que recurrir al “lormen”. Y el lormen es un método para poder dialogar con los sordo-mudo-ciegos que lo inventó Gerónimo Lormen hace más de cien años atrás. Para describir una letra hay que golpear levemente o tocar una determinada parte de la palma de la mano”. Y éste muestra una profunda identificación y solidaridad con Malena, “desde que conocí a Malena me encierro en mi habitación, me vendo los ojos y gozo penetrando en esa mansión oscura, en ese vacío insondable… Aún no llega a cumplir los veinte años pero toda su vida la lleva atada a una silla de ruedas…”. Y entonces pide permiso a la madre de ésta para sacarla a pasear, la lleva en su silla y entonces la observa y medita: “Ella nunca ha visto algo bonito ni ha expresado un deseo. Casi todo el tiempo la pasa en su habitación ordenando y desordenando cosas, quitando algo aquí y poniendo algo allá, hasta que su madre viene y la llevan a comer, a realizar algunas labores y pasear. Malena generalmente asiente con un afirmativo movimiento de cabeza (…) Cuando la veo mecerse horas y horas, adelante, atrás, adelante, atrás. Cuando parece gritar y desesperarse. Cuando se golpea la cabeza en el respaldar de la silla de ruedas. En todo eso me parece ver que el cuerpo de Malena se reduce a lo más interno de su ‘No Mundo’…"

La representación de la marginalidad extrema está personificada en Malena, descritas hasta allí en un realismo sutil, elaborado, pero sobrio y lozano, el desenlace surrealista vendrá sorprendente pero significativo. Ya cuando el protagonista quiere, en una entrega efectiva de solidaridad -tras sacarla a pasear y tomar con ella “un refresco en el agradable Café-Bar-Compás donde sirven unos combinados estupendos”- darle con ansia las mayores satisfacciones a Malena, entre ellas, por qué no la del amor, en el que el protagonista complace su propia pasión, entonces se va prefigurando la otra metáfora explotable en la imagen de Malena: “Por eso hoy le tomé de las manos, la acaricié largo rato; le besé los labios, el rostro, mis manos se hundieron en toda su piel con el mensaje de mi mundo. El ardor de mis deseos se prendió a las ramas secas que se acumulaban en el fondo de sus entrañas. Sus manos enternecidas se encendieron con la luz de una lámpara que crecía segundo a segundo. Todos mis lugares, mi norte y mi sur, mi oriente y occidente, fueron para ella descubrimientos dotados de aventuras impredecibles…”

Y acaso Malena, reducida a sólo ese lado de las sensaciones táctiles, ¿no podía también representar el súmmum del sensualismo, del erotismo -esa otra obsesión temática del autor- en su estado más puro y abstracto? Si dentro del discurso realista, Malena es el súmmum de la marginalidad, en un estiramiento más simbólico, metafórico o de sugerencia abierta, ¿por qué Malena no podía representar el sensualismo, el erotismo más radical y puro? Esto parece estar corroborado en el final sorprendente, que orienta el mensaje del relato hacia otras aristas, abiertas, sugerentes:

Silvia –la novia del protagonista, quien conoce a Malena por referencias de éste, y siente entre simpatía por ella y celos- lo acusa de haber asesinado a la muchacha y se burla de éste simulando ser Malena, “cansado de tanta jodedera de que ella es Malena, una noche la empujé por la ventana”. Ya en el hospital psiquiátrico donde es recluido, el fantasma de Silvia lo sigue acosando, entonces  el protagonista le dice: “Todo he consentido, Silvia, pero no podía permitirte el lujo de suplantar a Malena… Malena fue mi creación perfecta, única…” Aclarada la cosa, Silvia se levanta y se va. Malena, cuyo espectro, con su silla de ruedas, también lo visita, le dice que Silvia ya no va a regresar más, y ella misma desaparece para siempre volando por la ventana, “cantando feliz, como un jilguero que escapa de su jaula, de su prisión”.

Así, puede perfectamente especularse que Malena siendo la abstracción sensualista, el lado exclusivamente erótico de la mujer, de Silvia, no podía ser una mujer real, “fue mi creación perfecta, única” había revelado el protagonista; Silvia al entenderlo, aplaca sus celos y deja de acosar a aquél. Pero desaparecida Silvia, Malena, ese lado erótico de Silvia, esa pura abstracción imaginada por su creador, queda liberada también y desaparece definitivamente. Pero la desaparición de Malena tiene otra lectura, paralela, desde la primera parte racional y realista del relato: sólo la muerte libera a Malena de su prisión, de tan fatal y trágica limitación física que sufrió en vida.

Walter Lingán, un escritor que no tiene, injustamente, el reconocimiento suficiente, hace realidad el valor de esta nueva literatura peruana, popular en su raíz -por su identidad nacional y por el origen social de sus creadores- pero ya universal por su elevación literaria y visión cultural, y por eso mismo, innovadora y épica. Literatura que cumple lo que quería José Carlos Mariátegui cuando hablaba que llegará el tiempo cuando los mismos habitantes de nuestro país profundo comiencen a crear sus propias expresiones artísticas, literarias, culturales, y, por tanto, estén  anunciando la hora de su liberación social.
                                                                                                                              Lima, Enero del 2016

Dienstag, 20. Oktober 2015

Entrevista a Walter Lingán / Maritza Olórtegui Mariña

  1. “El amor no ata, sino proporciona libertad”, palabras de tu personaje Michaela. Tú, ¿compartes ese concepto?
La actual juventud europea, en particular la alemana, asume el legado de “Mayo del 68”, aquel movimiento libertario que rechazó el matrimonio por tratarse de una forma de esclavitud, un contrato burgués que coloca en desventaja a la mujer respecto al hombre, por eso ahora se pugna por las “relaciones libres”, sin ataduras legales, relaciones legítimas que deben ser respetadas mientras que ambas partes estén involucradas en relaciones emocionales o sexuales. No se trata de mantener múltiples relaciones sexuales, sino de forjar el compañerismo y la solidaridad en la pareja, de cortar la relación en el momento que empieza a ser dañina para una o ambas partes. En ese sentido coincido con mi personaje.
  1. “Un cuy entre alemanes”, te ha hecho revivir con nostalgia y coraje lo difícil que fue migrar a un país donde la barrera principal, era el idioma. ¿En esta novela hay algo de ti, de tu experiencia como migrante?
Hay que considerar que siempre estuve viviendo como migrante. Del pueblo donde nací nos trasladamos con mis padres a la selva, de ahí me mandaron a Lima, para finalmente partir para Alemania. Todos esos movimientos fueron una manera de irme para, a la vez, quedarme. Si bien es cierto en la novela hay algunos aspectos de mí, pero al contarlos dejan de pertenecerme aunque lo cuente en primera persona. He tratado de reunir historias de migrantes, de peruanos, de latinoamericanos en una país como Alemania. Sus aventuras, sus alegrías, sus tristezas, sus triunfos, sus fracasos, sus relaciones con la gente y el medio, de aquellos que solo trabajan para supervivir y de otros que tienen la suerte de estudiar. Su batallar con el idioma es una de las más duras. Hay gente que vive más de viente o treinta años y a las justas balbucea unas cuantas palabras en alemán, más bien la segunda o tercera generación tiene otro desarrollo distinto. Y, claro, es difícil aprender “este idioma del demonio” como me decía una amiga ecuatoriana. Son también las mujeres extranjeras casadas con alemanes las que la pasan peor, en ese aspecto los varones la tenemos más fácil. En conjunto todos estamos enfrentados a una cultura desconocida, estricta, menos tolerante, muy exigente y disciplinada, lo que al saque choca con nuestras maneras más libertinas y displicentes.
  1. Esta novela ¿representa a una metamorfosis más bien psicológica y no física por la que los migrantes pasan, de alguna manera en el extranjero?
Claro, es una alegoría al cambio que con el paso del tiempo vamos experimentando, adquirimos nuevas formas de comportamiento, aprendemos a ser respetuosos con nuestros semejantes y con el medio ambiente. De pronto somos más solidarios con los que sufren injusticias o abusos, entendemos que somos tan racistas con nuestra propia gente porque sentimos el racismo evidente o sutil de los nativos del país anfitrión.
  1. Como lectora, inmediatamente paso a la intertextualidad y pienso que si no hubieras leído “El lobo estepario” de Herman Hesse y “La metamorfosis” de Franz Kafka, no hubiera existido esta novela como tal. ¿Consideras posible?
Hermann Hesse y Franz Kafka me abrieron el camino, mi texto es un homenaje, un reconocimiento a ellos, a su obra; pero hay muchas otras lecturas que cada lector, de acuerdo a su experiencia, los podrá descubrir. Van a recordar rasgos de El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, pasando por la películas de El Increíble Hulk y El Hombre Elefante basada, está última, en la vida de Joseph Merrick, la novela El Jardinero de Jersi Kozinski o La dama que se transformó en zorra de David Garnett; así como las barriadas limeñas vía Patíbulo para un Caballo de Cronwell Jara, o ver la gran minería vía Redoble por Rancas de Manuel Scorza; incluso la corrupción en su estado más prosaico, vía el Ciudadano Alberto Fujimori, la construcción de un político de Jochamowitz, para mencionar algunos ejemplos.
  1. Si bien con Harry Haller, personaje de “El lobo estepario” hay un parecido con tu personaje en relación a que ambos son lectores voraces; pero en cuanto a la vida social, hay mucha diferencia. ¿Querías quizá mostrar al hombre latino más sociable y más sexual?
Sólo traté de presentar algunos clichés de “el amor latino” que es muy conocido en Alemania, hay algunas exageraciones, pero eso va de acuerdo al poder fornicatorio de los cuyes.
  1. En la vida del hombre-cuy desfilan muchas mujeres. ¿por qué esa insatisfacción amorosa y sexual? ¿No crees que este hombre-cuy es promiscuo y machista?
Como ya dije en la respuesta anterior, se trata de apoyarse en la vida sexual de un roedor como el cuy para proporcionarle a mi personaje poderes sexuales que solo existen en la mente machista, que solo es propaganda del macho latinoamericano.
  1. Estos últimos años el cuy se ha puesto de moda, no solo por los beneficios alimenticios, sino porque su imagen se ha convertido en algo mediático en nuestro país. ¿Por qué quisiste que la metamorfosis de tu personaje sea precisamente en un cuy?
Una de las razones es la que mencionas, de ser un plato regional ha pasado ser una delicadesa nacional; por otro lado representa, de algún modo, la identidad latinoamericana, en especial peruana; existe la creación de Juan Acevedo, ese cuy atribulado por ser un pequeño burgués con aspiraciones revolucionarias. Todas esas imágenes influenciaron para decidirme en escoger al cuy como protagonista de la novela.
  1. El hombre-cuy es socialista, comunista, leninista, maoísta, ¿Quién es ideológicamente Walter Lingán?
Soy una persona solidaria con los pueblos y las personas que luchan por la justicia. Asumo el marxismo más por experiencia que por ideas aprendidas. Desde joven estuve involucrado en estos afanes de luchar por la igualdad de oportunidades, de progreso y desarrollo para todos, sin distingos. Me gusta un Perú justo, libre y solidario y que su riqueza alimente a todos y no solo a un número reducido de familias.
  1. El terrorismo es una temática que ha sido abordado por muchos escritores, porque es difícil desligarla de nuestra historia política, social y económica de nuestro país. ¿Qué parte de este periodo te tocó vivir?
La violencia y el terrorismo siempre han estado presentes a lo largo de toda nuestra historia. Desde pequeño he sido testigo de la violencia de los poderosos contra los desposeídos. Todo reclamo del pueblo siempre es ahogado en sangre. Toda conquista social que beneficia a la sociedad en su conjunto tiene alto costo de vidas humanas de los sectores más pobres. La violencia que se desató a inicios de los 80 fue tan solo un grave momento de nuestra historia. Hasta ahora no se sabe la verdad, o sabemos a medias, y fundamentalmente desde el punto de vista de los vencedores. Me fui del país a inicios de los 80 y todo esto de la guerra lo viví en forma indirecta, por los testimonios de los testigos, de los que huían de las masacres y llegaban hasta a Europa, por las noticias. Constantemente buscaba información, a inicios difícil pero con el desarrollo de internet y las redes sociales esto se ha facilitado mucho, hay un bombardeo constante de noticias e informes de diferentes fuentes.
  1. En tu novela la madre no aparece con mucha frecuencia, pero cuando lo hace, aparece como una mujer, luchadora, trabajadora, guerrera, es decir, madre. ¿Cómo es o ha sido el vínculo con tu madre?
Mi madre siempre ha estado presente en las malas y en la buenas, siempre dando una palabra de aliento, apoyando lo que hacía; nunca desaprobó lo que me proponía hacer. Ella se preocupó porque tengamos lo mínimo necesario para salir adelante, nos dio todo lo que pudo. Quizás yo sea un poco ingrato con ella, pero ella sabe que la tengo siempre presente aunque la comuncicación no sea tan fluída. Mi madre es una mujer que nunca perdió la esperanza a pesar de las duras condiciones de vida que llevamos aquellos años en Collique (Comas). Hoy dice ella que está cosechando lo que sembró, pues vive feliz alternando entre sus hijos y nietos que están en EEUU, Europa y Perú.
  1. ¿Por qué la voz narrativa se dirige solo a Michaela en toda la novela? ¿Por qué a ella? ¿A quién representa Michaela en tu vida?
Yo siempre aspiré a vivir hasta la muerte con mis parejas, pero la vida nos juega con trampas. Michaela representa a esa mujer, a la primera, la segunda o la última con quien no se pudo hacer realidad ese amor “hasta que la muerte nos separe”. Michaela es ese símbolo, esa idealización, ese sueño frustrado por la vida. Pero no significa que sea infeliz, por el contrario, me considero la persona más feliz pues aprendí a amar en libertad, sin ataduras de ninguna clase.
  1. Me gustó tu novela por la agilidad con la que se deja leer, porque el personaje que has creado es amante de los libros y de la buena lectura y sospecho que el autor es así. ¿A qué libros vuelves siempre y por qué?
Leo fundamentalmente poesía de autores clásicos. Es infaltable César Vallejo, el poeta turco Nazim Hikmet, el griego Constantino Cavafis, el norteamericanos Walt Whitman, Carlos Oquendo de Amat, entre otros; desde luego leo y releo a Hermann Hesse, Franz Kafka, José María Arguedas, los inicios de Mario Vargas Llosa, Ciro Alegría, Manuel Scorza, Juan Carlos Onetti, Roa Bastos, Lezama Lima, Julio Cortázar, Cabrera Infante, en fin, sin descuidar otros autores contemporáneos de Perú, España y Europa.


Publicado originalmente en: http://www.maritzaolortegui.com/

Kopulieren ohne Ende / Britt Weyde

In Walter Lingáns neuester Erzählung sorgt „Ein Meerschweinchen unter Deutschen“ für Aufruhr

 Wer selbst eine glückliche Meerschweinchenfamilie zu Hause hat, polygyn natürlich, wie es der Fachverkäufer der Tierhandlung empfiehlt, ein Böckchen, wie die Männchen genannt werden, zusammen mit mehreren Weibchen, und sich ihrer musikalisch expressiven Gesellschaft erfreut, wird bei so einem Buchtitel natürlich neugierig: Un cuy entre alemanes, so der Titel des auf Spanisch vorliegenden neuesten Werkes des Kölner Schriftstellers Walter Lingán.

Die Handlung ist schnell erzählt. Ein peruanischer Student kommt in den 80er-Jahren nach Deutschland. Kurz nach seiner Ankunft macht sein Körper merkwürdige Transformationen durch. Zunächst teilweise, später komplett, verwandelt er sich in ein Meerschweinchen, jenes Nagetier, das ursprünglich aus den Anden stammt, dort als leckere Eiweißquelle dient, dem mitunter auch magische Kräfte zugeschrieben werden. Die temporären Verwandlungen halten den jungen Mann nicht davon ab, mäßig erfolgreich zu studieren, sich in die Polit- und Partyszene rund um die Uni Köln einzubringen, seine Besessenheit für Literatur auszuleben und die lokale Frauenwelt aufzumischen. Mit der Zeit lernt er mit „seinem Leiden“ zu leben. Die anfängliche Verzweiflung und Einsamkeit weichen seiner zunehmenden Wollust und animalischen Unbekümmertheit. Seine Symptome verstärken sich und er kann sie nicht länger verstecken, zunächst nicht vor seinem engsten Umkreis, sprich, den zahlreichen Frauen, mit denen er in die Kiste geht, gegen Ende auch nicht mehr vor dem Rest der Welt. Selbst die Kanzlerin schreibt ihm einen Brief mit einem Appell zum „friedlichen Zusammenleben aller Lebewesen auf dem Planeten“. Bis dahin war es ein weiter Weg voller Kulturschocks und vieler trauriger Stunden, in denen sich der Immigrant mit seinen Mutationen unverstanden, verwirrt und isoliert fühlte. Einzig die Lektüre und die vielfältigen sexuellen Begegnungen mit dem anderen Geschlecht sorgen für Besänftigung und letztlich eine gewisse Art von Integration in die deutsche Gesellschaft, allerdings nur als Kuriosum, als mediales Monster und sexualisiertes Objekt.

Die literarische Anspielung („Die Verwandlung“ von Franz Kafka, in der sich der Handlungsreisende Gregor Samsa in einen Käfer verwandelt) liegt auf der Hand und wird explizit erwähnt. Auch eine andere Aliengeschichte mag da in den Sinn kommen, nämlich die von Paddington, dem Bären aus dem peruanischen (!) Urwald, der in London von einer netten Mittelschichtfamilie gefunden und aufgenommen wird. Nach etwas chaotischen Anfangsschwierigkeiten wird er schließlich in die englische Gesellschaft integriert, ein Buch (mittlerweile auch gelungen verfilmt) für Kinder, das laut Autor Michael Bond eine Migrationsgeschichte erzählt, allerdings mit Happy End.

Autor Walter Lingán ist für die ila kein Unbekannter, er war in den 90ern Redaktionsmitglied der spanischsprachigen ila latina und schreibt immer mal wieder für die ila, sodass sich recht schnell erschließt, dass durchaus autobiografische Erfahrungen eingeflossen sind. Aus der Außensicht des Neuankömmlings werden deutsche Exotismen, besonders aus dem linksalternativen Milieu, gekonnt dargestellt und aufs Korn genommen, etwa wie der Student die Unabgeschlossenheit deutscher WG-Badezimmer verflucht oder die Stereotypisierungen von PeruanerInnen beschreibt, wenn sie etwa Machu Picchu nicht kennen oder gar nicht wie Indios aussehen, gar vielleicht schwarz sind und damit ihre „Echtheit“ als PeruanerInnen bei den Deutschen aufs Spiel setzen. Oder auch die süffisante Darstellung der gegenseitigen Anziehung zwischen blonden „porzellanfarbenen“ deutschen Frauen und „zimtfarbenen“ peruanischen Männern mit indigenen Wurzeln. Die Frauen fahren auf die „exotischen“ Männer aus dem Süden ab, die wiederum die blonden Schönheiten beim Heimatbesuch mit stolz geschwellter Brust ausführen und lautstark ihre schlechten Deutschkenntnisse zur Schau stellen. Etwas schablonenhaft vielleicht, aber diese zeitgeschichtlichen Anekdoten sind amüsant zu lesen; ebenfalls interessant sind die Darstellungen und Einschätzungen der politischen Ereignisse in Peru samt ihrer Verbindungen zur peruanischen Exilgemeinde und der hiesigen Soliszene der 80er- und 90er-Jahre.

Was allerdings schon nach dem ersten Drittel nervt, ist die einseitige Darstellung der weiblichen Figuren. Klar, das Meerschweinchen im Manne muss ständig vögeln, das ist ein wesentlicher Bestandteil des Plots, im Laufe der Seiten ermüdet es jedoch ein wenig. Das Tier, das aus dem Süden kam, als Chiffre, um ungehemmt ein Mackertum auszubreiten, reduzierte Darstellungen von Frauen zu wiederholen, Frauenverachtung und Gewaltfantasien inklusive. Die weiblichen Figuren sind so flach, dass sie austauschbar erscheinen, Hauptsache, sie sind „sinnlich“ und haben, immerhin, ein Interesse für Literatur. Apropos Literatur: Das name-dropping von Autoren und literarischen Werken fällt ebenfalls exzessiv aus, sorgt aber für wenig Erkenntnisgewinn. Auf Seite 73 dann eine Art Schlüsselszene: Seine neueste Errungenschaft weist den Studenten darauf hin, dass er in dieser WG im Sitzen pinkeln muss. Da überkommt den Dritteweltmacho das enorme Verlangen, sich auf der Stelle in sein Alter Ego Meerschweinchen zu verwandeln und mal so richtig die Sau rauszulassen, fröhlich durchs Zimmer zu flitzen und überall hinzupinkeln, Klamotten und Schuhe mit seinen Markierungen zu versehen.

Fazit: Der Plot beruht auf einer netten Idee und die Erzählung wartet mit unterhaltsamen zeitgeschichtlichen Einsprengseln auf. Und wer auf animalische Sexfantasien aus explizit männlicher Sicht steht, kommt vielleicht auf seine Kosten.


https://www.ila-web.de/ausgaben/389/kopulieren-ohne-ende

Walter Lingán, Un cuy entre alemanes, Editorial Eclipsa, Mai 2015, 152 Seiten, auch als Kindle Edition zu erwerben

El papel del trabajo en la transformación del hombre en cuy / Rodolfo Ybarra



Walter Lingán, es un escritor peruano radicado en Alemania, que se dedica también a la tecnología médica. Ha publicado diversos títulos como El amor también es subversivo (poesía, Lima, 1986), Por un puñadito de sal (novela, Lima, 1993), El lado oscuro de Magdalena (novela, Trujillo, Perú, 1996), La danza de la viuda negra (Lima, 2001 y 2008), Oigo bajo tu pie el humo de la locomotora / Ich höre unter deinem Fuß den Rauch der Lokomotive (Bonn, 2005), etc. En esta oportunidad nos entrega Un Cuy entre Alemanes, un texto fantástico entre La Metamorfosis de Kafka (La Transformación decía Borges) y el Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, pasando por El Increíble Hulk, El Hombre Elefante (Merrick) y El Jardinero de Jersi Kozinski.

El personaje, debido a ciertos problemas económicos y/o políticos (crisis de los ochentas, desastre belaundista y alanista), logra viajar a Alemania para hacerse de un futuro, estudiar y tener un trabajo y, si es posible, tener una pareja con la que formar una familia o tener algún happy end. En este trance, mientras se acomoda en su nuevo entorno social, una casa para estudiantes, nos va narrando su vida y sus lecturas literarias, sus autores, su visión social comprometida, sus analogías entre su ciudad natal, Lima-Collique y Alemania en la década del ochenta, siempre en primera persona, en sentido autodiegético, con mucha fluidez y, por ratos, pinceladas nostálgicas, estro poemático y cuestionador.

La realidad es vista a través de la lupa de la literatura, es así como nuestro personaje va, poco a poco, convirtiéndose en un cuy, un cobayo o, “equívocamente”, un “conejillo de indias”. Esto, quizá, como artilugio, sirve para opinar desde el metatexto o de rebote: ver, por ejemplo, las barriadas limeñas vía Patíbulo para un Caballo, de Cronwell Jara, o ver la gran minería vía Redoble por Rancas, de Manuel Scorza, incluso la corrupción en su estado más prosaico, vía el Ciudadano Alberto Fujimori, la construcción de un político, de Jochamowitz, etc., y, por largos tramos, con ciertos altibajos, logra el efecto deseado: instalar un interés en el lector por los libros y temas que el posible cuy va despachándose mientras fornica con todas las alemanas que le aparezcan en el camino, ya sea como ser humano o como roedor.

El cuy se come, no se integra, el cuy no tiene “hijos”, tiene prole, camada que va a alimentar la máquina de consumo. El cuy es un roedor inofensivo, doméstico o domesticable y siempre presa de otros animales carroñeros; en el Perú se le come, es beneficiado en suculentos platos gastronómicos y sirve también para incentivar algún tipo de seudonacionalismo politiquero (PPKuy) o incluso el ahorro: (“el Cuy Mágico”, del BCP); en Europa es una mascota (no se le considera intimidante siendo un roedor), y, como tal, solo quiere comer, ser tratado bien y reproducirse y, claro, si antes no se le castra.

Por otro lado, también podemos decir que Un Cuy entre Alemanes es, quizás, una novela entre el marxismo consecuente (no hay que perder de vista las disgregaciones del cuy sobre la izquierda peruana ilegal o legal y su activismo en Europa), la literatura, la disparidad social (Alemania-Perú, Europa-tercer mundo) y la libido y el desenfreno. O, parafraseando a Engels, el papel del trabajo o acomodo social en la transformación del hombre en cuy, donde podemos deducir que no es que el hombre-narrador quiera convertirse en cuy sino que es obligado por las circunstancias y porque así es mejor enfrentar un mundo para el cual no se siente preparado ni física ni mentalmente: la perfección urbana, las costumbres germánicas, el respeto del otro, y, principalmente, el trabajo integrador o visto como un ejercicio eucarístico o “humano”.

La parte final de Un cuy entre Alemanes nos trae una versión renovada de lo que sería El Jardinero de Kozinski, el que después de vencer sus propios miedos o taras sociales (¡el migrante puede encarnar al mal?), encuentra una forma de redención vía la fama o la aceptación mediática (la televisión también homogeniza y pasteuriza y convierte en héroes a villanos o humaniza a monstruos o los convierte en ciudadanos dignos de respeto), pues el hombre –léase el migrante– mientras se animaliza, entiende mejor el mundo y es finalmente asimilado, tragado por la sociedad; aunque quizás eso le desagrega el suspenso o la expectativa al cuy-hombre u hombre-cuy. No obstante, la novela no pierde su ritmo y se mantiene invicta hasta el final.